domingo, 30 de junio de 2013

28 nuevas familias de asteroides.

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A lo largo de la historia de nuestro sistema solar, las colisiones catastróficas entre asteroides ubicados en el cinturón entre Marte y Júpiter han formado familias de nuevos objetos en órbitas similares alrededor del Sol. (Imagen artística: NASA/JPL-Caltech)

El origen de los asteroides está plagado de misterios. No poseen un origen común, sino que algunos son fragmentos de un astro, quizá ya inexistente, y otros tienen otras procedencias. Averiguar a qué “familia” pertenece cada asteroide no es tarea fácil, y a veces surgen sorpresas.

El cinturón principal de asteroides es una fuente importante de objetos capaces de aproximarse bastante a la Tierra. Los objetos de este tipo, conocidos como NEOs por sus siglas en inglés, son cuerpos de naturaleza asteroidal o cometaria que se acercan a menos de 45 millones de kilómetros del trazado orbital de la Tierra alrededor del Sol. Algunos de estos objetos tuvieron órbitas estables en el cinturón principal de asteroides, hasta que una colisión o perturbación gravitacional los arrojó fuera de su trazado orbital, exponiéndolas a otras influencias potenciales, con resultados difíciles de predecir.

El equipo de Joseph Masiero del JPL de la NASA en Pasadena, California, valiéndose de observaciones efectuadas por el satélite astronómico WISE (por las siglas de Wide-field Infrared Survey Explorer) de la NASA, examinó datos de aproximadamente 120.000 asteroides del cinturón principal entre Marte y Júpiter, de entre los aproximadamente 600.000 asteroides conocidos. Encontraron que casi 38.000 de estos objetos, aproximadamente un tercio de la población observada, puede clasificarse en una de 76 familias, 28 de las cuales son nuevas. Además, los investigadores reclasificaron algunos asteroides, que estaban incluidos en una familia que no les correspondía.

Una familia de asteroides se forma cuando una colisión fragmenta un astro grande en otros de diferentes tamaños. Algunas colisiones producen cráteres gigantes, como los dos cráteres observados en el hemisferio sur del asteroide Vesta, excavados por dos grandes impactos. Otras colisiones son catastróficas, desmenuzando un objeto en numerosos fragmentos. Al principio, los escombros resultantes se mueven cerca unos de otros en grupos, viajando por un mismo camino orbital alrededor del Sol, pero con el paso del tiempo los fragmentos se separan cada vez más unos de otros, hasta que su parentesco deja de estar claro.
El conocimiento que hasta recientemente tenía la comunidad científica sobre los linajes de los asteroides proviene de la observación de sus órbitas. En la sección de rastreo de asteroides de la Misión WISE (una sección llamada NEOWISE), se hicieron mediciones del índice de reflexión de los asteroides, lo que ha sido de gran ayuda para identificar a más miembros de las familias de asteroides.

Los asteroides de una misma familia suelen tener una composición mineral similar, y reflejan porcentajes parecidos de luz. Algunas familias se caracterizan por asteroides oscuros, mientras que otras están constituidas por objetos de color más claro. Es difícil distinguir entre asteroides oscuros y claros disponiendo tan solo de la luz visible.
Gracias a la capacidad del WISE para detectar la luz infrarroja, que revela el calor de un objeto, es factible distinguirlos. Cuanto mayor sea el objeto, más calor desprende. Cuando se logra medir el tamaño de un asteroide, es factible determinar sus verdaderas propiedades reflectantes. Eso permite reclasificar, en familias distintas, a asteroides a los que antes se consideraba parte de una misma familia por seguir órbitas muy similares.

Fuente: http://www.jpl.nasa.gov/news/news.php?release=2013-179

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